Una mierda para el romanticismo.

vomito corazones

Disney tiene la culpa, la culpa culpita la tiene Disney, y las comedias románticas facilonas, y todo lo que me dejo atrás y no nombro porque no me apetece ahora.

Todos tienen la culpa, sobre todo las princesas rosas que limpian el castillo en el que esperan al príncipe, y sus largos cabellos brillantes que cepillan durante horas, y esos besos esperados que las despiertan del sueño eterno e infinito. Ay, ese beso, ese piquito húmedo que les dibuja el te quiero en los labios inmediatamente, como por arte de magia. Y no te vayas. Y quédate. Y no sé qué haré sin ti. Y te necesito tanto. Y vamos a tener hijos y perros y no tardes en llegar del trabajo que he preparado tu comida favorita y le he limpiado los mocos al niño para que no te ensucie la cara al darte la bienvenida. Y qué sonrisa más grande tengo cuando cruzas el umbral. Nadie más cabe en mi corazón. Nadie. No sería nada si tú no estuvieras. Estoy totalmente rendida a tus encantos de príncipe con capa y espada y dientes perlas y caballo de pura raza y protégeme, que no quiero sufrir daño alguno del mundo exterior. Mira lo débil que soy. Mírame remover la cucharilla del té con esfuerzo y delicadeza.

Disney tiene la culpa, la culpa culpita la tiene Disney, y las comedias románticas facilonas, y todo lo que me dejo atrás y no nombro porque no me apetece ahora.

Y todas las que fomentan éste tipo de mierdas. Y pastelitos recién horneados para la merienda. Mira qué bien me han salido, cariño. Cada día me supero más. Tengo que estar bonita para el amor de mi vida. Tengo que estar lista para sus necesidades. Tengo que ayudarle y satisfascerle y estar en mi lugar de señorita escaparate que no sabe qué coño hacer con su puta existencia si no está el otro o el de la moto alrededor, pululando, dando por culo con sus mariposas en mi estómago y sus botas llenas de barro encima de la encimera.

Disney tiene la culpa, la culpa culpita la tiene Disney, y las comedias románticas facilonas, y todo lo que me dejo atrás y no nombro porque no me apetece ahora.

Y todo aquel que no le dice a su hijo que el romanticismo es como una cárcel que huele a rosas, un jardín aparentemente hermoso en forma de laberinto, una tortura de cosquillas con plumas. El romanticismo es un producto embustero. Una mierda. Una mierda gigante. Una mierda gigante y dañina. Aprieta lento. Pero aprieta. Y termina ahogando.

Y no es amor.

Se libre, hija. No limpies el castillo, si no te sale del alma, no esperes ni a tu madre. Que corran un poquito más los que quieran ponerse a tu lado, no te peines si no quieres, no aceptes un besito para despertar de ningún sueño porque tú no estás dormida, porque yo te imagino con los ojos abiertos, sin Disney, sin las comedias románticas facilonas, y sin todo lo que me dejo atrás y no nombro porque no me apetece ahora, dando gritos y comiendo con las manos, porque nada es infinito ni eterno, mi niña, porque tú vas a estar harta de lugares techados y te vas a ir a bailar a la calle, y vas a estar dispuesta a comerte al primer tiburón que vuele a tu lado, o a toda la tribu de tiburones, a todo el séquito, o vas a mandarlos a todos al carajo, porque puedes hacer lo que quieras, hijita, acuéstate con mujeres o con hombres o con lo que te apetezca, y no seas madre jamás, si no lo sientes. No digas te quiero, si no te quieres, si tienes perros, deja que te chupen las manos y llenen de pelos el sofá, y ensúciale a todos la cara de mocos, y déjaselos a tus hijas, y pégamelos a mí, que a veces me hacen falta. Y cocínate lo que quieras comer, la cantidad que tú quieras, y que los demás aprendan cuáles son sus comidas favoritas, que también tienen manos, y que cortéis todos las patatas y que nadie quite la mesa en la casa. Que en tu corazón, hija mía, quepan todos, apretujados y amados intensamente, y que todos, igualmente, salgan disparados cuando tú abras la puerta, o mejor, ten abiertas todas las puertas y todas las ventanas. Y cómete todos los libros de mi biblioteca y de las bibliotecas del mundo, hija, que con los músculos de la boca se deja KO a quien te daña. Entrénate el espíritu. Eres fuerte. Que nadie te ordene. Que nadie te bloquee. Que nadie te obligue. Que nadie te impida seguir, ni detenerte, ni volver. Que no te cuenten milongas. Que el romanticismo se lo quede Disney y las comedias románticas facilonas y todo lo que me dejo atrás y no nombro porque no me apetece ahora.

Que no, que no, que no. Que no es amor. Que estés donde quieras estar y haciendo lo que quieras hacer.

Que te imagino loca, aunque no pueda tocarte.
Que cierro los ojos y te veo.

Y que ojalá, algún día, aún leyendo ésto, me digas:
“Mira, mamá, yo voy a hacer lo que me de la gana”.

Esa eres tú (o no).

Y precisamente por eso, mi niña,

ya estás viva,
y ya te quiero.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s