Incendiar el bosque.

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El otro día quemé mi habitación.
Yo siempre había hecho limpieza como quien ordena un paisaje. Los árboles allá, las flores más palante, estos trozos de mar los guardo por aquí arriba. Pero el otro día decidí incendiar el bosque entero. Todo el planeta. Coloqué en la palma de mi mano todas las fotografías de los ex-novios, las ex-amigas, los exámenes, las ex-enfermedades, y prendí la cerilla con la que haría el resto. Comprobé cómo se derretían los apuntes en los que había depositado mi vida entera, las notitas de gente que ya no reconocía, los detalles que antes adornaban mis paredes. Tras arrasar con todo, las cenizas se hicieron flores que no pesaban, y me sentí, de repente, más liviana. Respiré profundamente, bailé con los ojos cerrados. Estoy segura de que esto es importante. Hoy he vuelto a soñar con una serpiente que me mordía en la cabeza, en los brazos y en la pierna. Se me agita el corazón con los símbolos que vienen para ser entendidos a fuego lento, pasito a paso, y yo sigo teniendo por costumbre lo de comer con las dos manos y masticarlo todo junto en la boca. Por eso estoy aprendiendo a entender lo que se me viene encima cultivando una paciencia que nunca había tenido antes. Supliendo la idea de una muerte física como síntoma de la ansiedad, por otra que se parece más a la aceptación del torbellino, a tomar el fin del mundo como un regalo y bebérmelo como al vino blanco en una noche de luna llena.
Hoy hablé con una bruja a la que conozco desde hace siglos, y me dijo: “Estás liberando a tus hijas de miles de mochilas”, a lo que yo le contesté: “Mis hijas podrán ser salvajes. Ya las siento acercarse como un sonido de timbales”. Al fin y al cabo, todo lo que tenga que venir será para mí, será para algo, por eso he limpiado esa habitación de todo lo que me daba pena o culpa. Ahora estoy preparándome para decir adiós y transformarme en la serpiente de esos sueños que querrá darme las herramientas para mudar la piel. Aún estoy aprendiendo a descifrar el idioma del viento, los entresijos de todo mi árbol, el espacio que necesito para cultivar lo que me arrancaron.

Ya estoy lista para quemarlo todo​, para iniciar el viaje, para recuperar lo que es mío.

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