Ya no tengo palos en el sombrajo.

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Ya no tengo palos en el sombrajo. No sé a dónde fueron a parar. Me quedé al descubierto hace tiempo, recibiendo al sol como una diosa. Todavía no comprendo eso del autoestima. Es peliagudo el tema. Y peliagudo pincha. Resulta que un día te despiertas amándote bandidamente, y al otro, ¡ZAS! Patada en la boca. Menudos ardores cuando dejo de quererme. Como si no tuviéramos bastante con lavar la fruta, pasar por las pastelerías sin mirar o limarnos los talones. Ahora también nos da por valorarnos a través de los ojos de los otros. Qué colleja tengo en la frente. Trabajar internamente es lo más reconfortante y cansado que he hecho en mi vida. Ni siquiera follar. ¿Dónde estaba el botón que me hacía despegar como un cohete? Inicié el viaje después de mi casi muerte, me sostuve con palabras de gente sabia y guapa, con lecturas de expertas en caerse, con escrituras sagradas a las que decidí venerar y dar teta. Pero siguieron los palos del sombrajo sin crecerme, ni un buen matojo de armonía entre las uñas me queda. Ahora soy experta en decir “no” y en tirar bombas de humo. Tampoco está tan mal la cosa. Algo hemos caminado. Sería mejor si tú no te hubieras ido, claro, y me tomara un vinito durse a la orilla de tus manos, y jugásemos a cantarnos en el filo de la cama, y no te echara tanto de menos en este duelo que paso. Tengo que empujar a los nuevos hacia adentro a trompicones para poder olerles las intenciones. Qué desastre. Estarán de mi hasta el coño. Qué va, antes bromeaba, no sería mejor si estuvieras. Ya no consiento que me de la mano quien se burle de mis rezos, quien no quiera ver más allá del propio cuerpo. Ya está bien. Las neuronas de mamá se iban a la guerra con cada nueva experiencia. El corazón de mamá hacía toc-toc y tac-tac-tac y pum-pum-pum-superpum cuando le daba la gana, y las técnicas de respiración servían, claro, pero la bombilla fundida de mamá iba por dentro, como la procesión. ¿Y eso quién lo arregla? ¿Dónde está el de mantenimiento? Que para algo le pago, digo yo – le contaré a mis hijas o a las vuestras. Presto atención a las voces que no nos han enseñado a oír en el colegio. Agudizo mi instinto y dice que estoy en el camino. Que no me preocupe más por los palos del sombrajo. Que hay que prepararse para recibirlo todo, para ser sombra, luz, podredumbre y hierbabuena.
Que para haber casi muerto, estoy avanzando en esto de casi resucitar, que me de los buenos días, y que siga, cuesta abajo o cuesta arriba, pero que siga, sen mais, sin más.
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2 pensamientos en “Ya no tengo palos en el sombrajo.

  1. Hola me encanta tu trabajo, el arte que tienes es unico de igual manera tu cuerpo es hermoso me gustaría saber donde puedo verte más sin censura 😉

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